El equipo defensivo agresivo luce una buena forma física: todos en el equipo pueden jugar a pleno rendimiento durante el partido completo. La superior forma física no es fruto de la casualidad. Requiere un programa de preparación física cuidadosamente planeado y un compromiso, contraído por cada jugador, de hacerse físicamente apto. Tanto el entrenador como sus jugadores deben ser fuertes en defensa. El entrenador debe explicar claramente a sus jugadores los méritos de la defensa que él desea que se juegue, y los jugadores deben formar una piña como un solo hombre. El defensor agresivo es como un resorte tirante pronto a dispararse después de un pase malogrado o de un balón robado, para interceptar a un hombre desmarcado, detener a un hábil driblador, o de cualquier manera efectuar, sin faltar al reglamento, todo lo que esté a su alcance para impedir la penetración ofensiva. Por añadidura, el defensor completo sabe explotar los puntos débiles de su oponente. Como individuo, cada jugador debe ser aplicado, leal e incansable trabajador.