Cualquier persona que analice la especificidad del portero dentro del juego pensará que su función principal debe tener lugar durante la fase defensiva.
Sin embargo, últimamente, escuchando los medios de comunicación, da la impresión de que sólo existe la fase ofensiva.
Este sesgo interpretativo se produce debido a que en la actualidad la mayor cantidad de interacciones con balón en las que participa el portero son ofensivas, por lo que se trata de la parte más visible.
Pero como entrenadores debemos analizar todas las interacciones, con o sin balón, y tomar conciencia de que estas van a estar influenciadas por el modelo de juego que queramos aplicar en nuestro equipo.
De esta reflexión y análisis se derivarán las características que debe tener nuestro portero dentro de nuestro modelo de juego, es decir, el perfil del portero que mejor se adapte a nuestro modelo de juego.
En función de la forma en que nuestro equipo actúe colectivamente, estas características variarán.
No le vamos a pedir lo mismo a un portero que juega en un equipo que presiona en bloque alto y que mantiene la línea defensiva a la altura del medio del campo que a otro cuyo equipo defiende en bloque bajo y se siente fuerte defendiendo los centros laterales.
El portero, en este modelo de juego es pieza clave en la fase ofensiva.
El portero es el hombre libre en los reinicios y continuidades del juego.
En los últimos años, en nuestro país ha triunfado un modelo de juego que entiende al portero como una pieza clave en la fase ofensiva.