Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo o malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y se acompaña de fuertes reacciones físicas.
La persona que lo sufre se siente repentinamente aterrorizada, abrumada sin una razón evidente para sí misma o para los demás.
Muchas personas tienen solo uno o dos ataques de pánico en toda su vida.
Suelen estar vinculados con una situación estresante y, cuando ese problema se resuelve, finalizan.
Sin embargo, ante la aparición de episodios inesperados y recurrentes, es probable que tenga una afección llamada trastorno de pánico; estos cuadros empiezan, por lo general, a fines de la adolescencia o al inicio de la adultez y se dan con mayor frecuencia en mujeres.
Se caracterizan por una ansiedad desmedida, un temor a que ocurra algo catastrófico o a perder el control, a volverse loco o, incluso, a morir, cuando no hay un peligro real o una causa que los desencadene.
Algunas personas también presentan un miedo intenso a que los ataques de pánico se repitan.
Esta es una de las peores sensaciones ya que pueden desencadenar en evitar situaciones o lugares que se asocian a la aparición del ataque previo.
Pueden aparecer en cualquier momento y estar acompañados de síntomas físicos como: Sudor o escalofríos.
Taquicardia y palpitaciones.
Temblores o sacudidas.
Sofocación, falta de aire u opresión en la garganta.
Náuseas o calambres abdominales.
Dolor en el pecho.
Dolor de cabeza.
Mareos, sensación de desvanecimiento o desmayos.
Sensación de entumecimiento u hormigueo.
Sentimientos de irrealidad o desconexión.
La forma en que se manifiesta puede variar según cada persona.