La boya es una baliza flotante situada en un río o en el mar y generalmente anclada al fondo, que puede tener diversas finalidades, principalmente para la orientación de las embarcaciones y señalización de objetos sumergidos. Las boyas generalmente son huecas y a menudo están infladas con aire o con algún gas neutro, aunque también es común encontrar boyas rellenas de un material sólido más ligero que el agua, como puede ser la espuma de poliestireno. La flotación de las boyas se debe al Principio de Arquímedes, ya que su masa es inferior a la de su volumen equivalente en agua. Existen multitud de tipos de boyas, dependiendo de la finalidad que se les dé.
Las boyas de balizamiento ayudan a la navegación marcando un canal fluvial o marítimo, así como obstáculos y áreas administrativas, para permitir a los barcos navegar con seguridad. Las boyas salvavidas, diseñadas para ser lanzadas a una persona que haya caído al agua, proporcionándole flotación. Las boyas DART, de detección de tsunamis o maremotos, que pueden detectar cambios drásticos en la presión del agua y forman parte de los sistemas de alerta de tsunamis. Las boyas respondedoras, que pueden ser interrogadas mediante ondas de radar por los barcos y que responden con su situación y distancia a la nave.
En las cañas y redes de pesca, la boya es el corcho o flotador que se coloca para evitar que éstas se hundan, así como para marcar la posición del anzuelo o de la red. La boya es una baliza flotante que se utiliza para diferentes propósitos, mientras que un flotador suele ser un elemento que ayuda a mantener objetos o personas a flote, sin necesariamente tener una función de balizamiento o señalización. Un flotador podría considerarse similar a una boya salvavidas, que se lanza a una persona para ayudarla a flotar después de caer al agua. Sin embargo, un flotador no necesariamente está anclado al fondo como una boya tradicional, sino que puede ser libre o unido a una cuerda para facilitar el rescate.