La presión, aunque a menudo temida, es esencial para el crecimiento y la evolución, como explicó Prigogine en su estudio sobre la «Perturbación».
Prigogine mostró cómo la presión impulsa el crecimiento y la evolución en la naturaleza, incluso en las personas.
Esta presión constante lleva a un punto de quiebre, donde el sujeto evoluciona a un nuevo nivel.
Ejemplos como el calentamiento del agua ilustran este proceso: antes de hervir, el agua muestra signos de «simmering», donde las moléculas se expanden antes de transformarse en vapor.
En la experiencia humana, la presión puede manifestarse en situaciones diarias desafiantes, desde problemas en el trabajo hasta conflictos familiares.
A menudo, este punto de quiebre es evidente cuando nos sentimos abrumados, pero también es una oportunidad para el crecimiento personal y profesional.
Cuando estás en este estado, quiere decir que ha llegado el momento en el que topaste con pared y solo tienes dos opciones: Comienzas activamente a hacerte cargo de las situaciones y resuelves desde un ángulo diferente, lo que quiere decir que atraviesas el punto de quiebre o; Retrocedes, comienzas a bajarle a la presión, sueltas y entonces la temperatura baja, lo que quiere decir que no atraviesas el punto de quiebre.
Así que al final, la presión termina siendo algo que está ahí para tu evolución, es algo de lo que debemos estar agradecidos y tomar ventaja.
Debes ejercer presión sobre ellos si quieres que evolucionen y que tu empresa evolucione.
La presión positiva es cuando un líder le pone metas altas a su equipo de trabajo, les da una visión inspiradora y les pide esforzarse para alcanzarla.
Este tipo de presión también lleva al equipo a un punto de quiebre que, cuando lo atraviesan, los transforma en un equipo mucho más integrado y con estándares más altos.